Hasta cuándo…

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Por Arieski Gòmez 
Visitar los espacios icónicos de Barahona debería ser una experiencia placentera, pero la realidad que encontramos dista mucho de ello. En el Parque Central, es cierto que se instalaron modernas lámparas LED en la glorieta, pero esta acción parece un simple maquillaje ante el estado deplorable de la estructura: maltratada, sucia y descuidada. También se nota el esfuerzo por podar y arreglar los jardines, incluso la DIGECAC plantó nuevos árboles, pero aquí surge una pregunta ineludible: ¿por qué tiene que intervenir otra institución para hacer lo que le corresponde a la alcaldía? No es por falta de presupuesto ni de recursos, pues se sabe que de eso hay suficiente.

 

 

Lo que debería ser un espacio seguro para el disfrute familiar está plagado de peligros evidentes. Las lámparas propias del parque están todas apagadas, y algunas incluso rotas, sumiendo el lugar en una penumbra preocupante. A esto se suman los alambres eléctricos expuestos, un riesgo latente que podría provocar un desastre para los visitantes. Barahona merece acciones concretas y menos espectáculo para las redes sociales; necesitamos ver compromiso real, no simples apariencias.
La Plazoleta Duarte no se queda atrás en este abandono. A pesar de estar supuestamente en remodelación, la oscuridad se adueña del lugar, lo que no solo genera incomodidad, sino también inseguridad. La acumulación de basura es otra muestra del descuido, reflejando una falta de planificación y seguimiento en las labores de mantenimiento. Este es un espacio que debería ser un símbolo de respeto y orden, pero su estado actual dice todo lo contrario.

 

El Arco, uno de los monumentos más representativos de Barahona, sufre la misma suerte. La iluminación propia brilla por su ausencia, y el resplandor que lo alcanza proviene únicamente de las bombillas de las calles cercanas. Esta negligencia no puede seguir siendo normalizada. Invito a todos los barahoneros que aman su pueblo a no quedarse callados ante tanta barbaridad. No me cansaré de denunciar lo que está mal y de celebrar lo poco que se hace bien, como lo he hecho en esta publicación. Barahona merece respeto y acciones a la altura de su grandeza.

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