Poca Inversión de Infraestructura en materia educativa: un Retroceso fatal

Por Andrés Fèliz

La educación ha sido uno de los sectores más golpeados por la falta de gestión estratégica durante el gobierno del presidente Luis Abinader. A pesar de contar con el respaldo del 4% del Producto Interno Bruto (PIB), la inversión en infraestructura educativa ha sido claramente insuficiente y mal dirigida, afectando directamente la calidad del aprendizaje en miles de centros escolares a nivel nacional. A esto se suman pobres resultados académicos y condiciones deplorables en muchos planteles, lo que evidencia una crisis profunda que no ha sido enfrentada con la seriedad que amerita.

  1. Centros Educativos en Condiciones Precarias

En diversas provincias del país, cientos de escuelas presentan condiciones lamentables: techos que se filtran, baños inservibles, falta de electricidad, mobiliario deteriorado, y aulas improvisadas bajo árboles o en iglesias. Muchas de estas escuelas ni siquiera cuentan con acceso a agua potable, lo que pone en riesgo la salud de los estudiantes y del personal docente.

A pesar de que el presidente Abinader ha insistido en que la educación es una prioridad, los hechos no lo respaldan. El deterioro de planteles escolares y la falta de mantenimiento revelan una desconexión entre el discurso oficial y la realidad que viven las comunidades educativas. En lugar de avanzar, en muchos aspectos se ha retrocedido.

  1. Obras paralizadas y abandono de proyectos iniciados

Uno de los problemas más graves en esta gestión ha sido el abandono de cientos de escuelas cuyas construcciones quedaron a medias desde gobiernos anteriores. En lugar de retomar y concluir esos proyectos, muchos han quedado paralizados por conflictos burocráticos, problemas legales o simples omisiones administrativas.

Mientras tanto, miles de estudiantes se ven obligados a asistir a centros sobrepoblados, compartir aulas con distintos grados o recibir clases en tandas limitadas por falta de espacio. Esta situación ha impactado negativamente el proceso de enseñanza-aprendizaje y ha provocado deserción escolar en zonas vulnerables.

  1. Promesas incumplidas y planificación deficiente

Desde el inicio de su mandato, el presidente Abinader prometió mejorar la infraestructura educativa y garantizar condiciones dignas en los centros escolares. Sin embargo, estas promesas han quedado rezagadas frente a otras prioridades presupuestarias.

El Ministerio de Educación (MINERD) ha fallado en articular un plan nacional de infraestructura escolar que permita establecer metas claras, cronogramas de ejecución y mecanismos de rendición de cuentas. En lugar de una política estratégica, lo que se ha visto es una gestión reactiva, sin previsión ni sostenibilidad.

La calidad educativa no se puede desvincular del entorno en el que se enseña. Cuando los alumnos asisten a escuelas deterioradas, sin acceso a recursos tecnológicos, sin espacios adecuados para la recreación ni laboratorios funcionales, el aprendizaje se vuelve limitado y poco motivador.

Este deterioro no solo afecta la formación académica, sino también la autoestima, el sentido de pertenencia y la estabilidad emocional de los estudiantes.

  1. Desigualdad territorial agravada

La crisis de infraestructura educativa es aún más grave en zonas rurales y empobrecidas, donde la inversión ha sido históricamente insuficiente. El gobierno de Abinader no ha logrado reducir esta brecha, perpetuando una educación de primera para algunos y de tercera para otros.

Mientras en ciertos sectores urbanos se construyen centros modernos con aire acondicionado, en comunidades del interior del país hay escuelas donde los estudiantes caminan largas distancias solo para asistir a clases en estructuras sin ventanas, ventilación ni seguridad.

Conclusión: Una deuda con la educación dominicana

La poca inversión en infraestructura escolar durante el gobierno de Luis Abinader ha sido un obstáculo fundamental para mejorar la calidad educativa en la República Dominicana. A pesar de contar con recursos, la falta de voluntad política, la mala planificación y el enfoque desarticulado han impedido que los estudiantes reciban la educación digna que merecen.

No basta con discursos ni cifras infladas. Se necesita una política pública real, coherente y sostenida que priorice la construcción, rehabilitación y equipamiento de los planteles educativos como base para una enseñanza efectiva.

El autor es docente 

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