Por Carlos Rodríguez
El actual proceso electoral del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) tiene un valor positivo: los debates grupales permiten visibilizar cómo pasados y actuales directivos, dirigentes y aspirantes se muestran —ya sea de manera ingenua o descarada— como cómplices de la voraz acumulación de riqueza de los propietarios de medios de comunicación. Estos, a través de la informalidad laboral, evaden y eluden el pago de impuestos que sostendrían conquistas sociales como el seguro familiar de salud, el sistema de pensiones, la protección frente a accidentes laborales y el fondo de maternidad y lactancia.
Esa agenda de derechos y obligaciones debería constituir la propuesta central de los aspirantes a dirigir el gremio, siempre que el propósito sea el rescate real del CDP mediante una estrategia de servicio a los colegiados, y no el uso del gremio como plataforma personal. Solo así se transformaría en oportunidad lo que ha sido una amenaza de desaparición, y en fortaleza lo que ha sido la debilidad histórica del colegio.
Sin embargo, resulta penoso constatar cómo directivos y aspirantes, de ayer y de hoy, han preferido evadir la misión esencial del CDP. En lugar de exigir a los empleadores el cumplimiento de las leyes laborales y de Seguridad Social, han optado por mendigar al Estado pensiones “laborales” para quienes nunca han sido servidores públicos, asumiendo como carga estatal lo que en justicia corresponde a empleadores privados que se han beneficiado de la explotación del trabajo periodístico.
Lo más lamentable es la percepción de ignorancia o ingenuidad que proyecta esta conducta cómplice, activa u omisiva, de quienes pretenden ser líderes de los periodistas. Una actitud que augura un futuro oscuro, incierto y desfavorable para la profesión y su representación gremial.
El autor es periodista