Por Williams Santiago
Barahona vive una crisis silenciosa, pero visible en cada esquina. No se trata solo de basura acumulada en avenidas, plazas o espacios públicos; el problema se ha extendido a todos los barrios de la ciudad, donde los vertederos improvisados crecen sin control ante la mirada indiferente de las autoridades municipales.
La falta de una política clara de manejo de desechos sólidos, sumada a la ausencia de un régimen de consecuencias y a una administración municipal ineficiente, ha convertido la ciudad en un vertedero generalizado. A esto se añade el comportamiento irresponsable de algunos ciudadanos, que actúan sin conciencia de sus deberes, pero amparados en la inacción del Ayuntamiento.
El Ayuntamiento de Barahona y su alcalde cargan con la principal responsabilidad de este deterioro urbano. No existe un plan efectivo, ni una respuesta institucional capaz de frenar una situación que ya amenaza con convertirse en una crisis de salud pública de consecuencias imprevisibles.
Hoy, más que denuncias aisladas, Barahona necesita acciones concretas y urgentes. La basura no solo afea la ciudad: pone en riesgo la salud, la dignidad y el futuro de quienes la habitan.