La dignidad no se negocia

Por Nazario Peña Ruiz

“No hay corazón infatigable para sufrir, ni pueblo infatigable para padecer agresiones; llega una hora en que no se puede sufrir más, ni se puede humillar más”. Y es que, como bien nos enseña el pensamiento de Juan Bosch, la verdad no es un artículo que se compra y se vende a cambio de beneficios, ni los principios son mercancías que se cambian según las conveniencias del momento.

Llega un momento en que el silencio deja de ser prudencia, la paciencia deja de ser virtud y la tolerancia no puede seguir confundiéndose con debilidad. Porque quienes creen que todo tiene un precio terminan olvidando que existen personas cuya dignidad no se negocia, cuya conciencia no se vende y cuyo compromiso con la verdad está por encima de cualquier interés particular.

La historia nos enseña que no siempre quienes ocupan las posiciones de mayor responsabilidad son quienes mejor representan los ideales que dicen defender. A veces, las mayores decepciones nacen precisamente de aquellos de quienes se esperaba mayor sensatez, justicia y coherencia. Sin embargo, ninguna decepción debe hacernos renunciar a nuestros principios, ni ninguna circunstancia debe obligarnos a aplaudir lo que nuestra conciencia nos reclama cuestionar.

No se trata de guardar rencor ni de alimentar divisiones, sino de recordar que el respeto se gana con acciones, el liderazgo se demuestra con hechos y la autoridad moral no se impone por un cargo, sino que se construye con honestidad, humildad y compromiso.

El autor es docente y Miembro del Comité Central PLD

 

 

 

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