Los cinco pesos que valían una vida para Ronny Mauricio

SOL DIGITAL RD, DEPORTES.- Masitas, mantequilla y té, el desayuno que acompañó a Ronny Mauricio hasta días antes de su firma.

Su historia, como la de tantos niños de familias de escasos recursos en República Dominicana, estuvo marcada por la incertidumbre de no saber si habría comida en la mesa. Las tres calientes no eran una garantía y, en ocasiones, alimentarse dependía de encontrar alguna alternativa para engañar el hambre.

El hoy infielder de los Metros aprendió a resolverlo con apenas cinco pesos.

Su abuelo Ernesto, quien se desempeñaba como motoconchista en el batey de Alemán, en San Pedro de Macorís, le dejaba esa cantidad en un colmado que encontraba de camino a la escuela.

Con tres pesos compraba tres masitas, una por cada peso. Los dos restantes los utilizaba para pedir mantequilla detallada. Antes de salir, su abuela paterna, Lidia Remigio, le preparaba un té.

En ocasiones, esa comida también le servía de almuerzo hasta que regresara a casa en la tarde.

Después de pasar el día jugando pelota, llegaba con la esperanza de encontrar algo preparado por su abuela. Pero no siempre había comida. Cuando no se podía prender el fogón, buscaba qué comer en un campo de caña cercano.

De izquierda a derecha: Héctor J. Cruz, editor deportivo del Listín; Ronny Mauricio, jugador de los Tigres del Licey, y Fabio Cabral, subdirector.Glauco Moquete.

“Ella y yo pasamos mucha hambre, pero se sacaba la comida de la boca para dármela. Era mi motor, lloramos mucho juntos, hacía de todo por mí. Yo no sé cómo lo hacía, pero aún sin dinero para darnos de comer a mí y a mis primos”, recordó Mauricio durante una entrevista exclusiva con Listín Diario.

La precariedad llegó a ser tan cotidiana que, en numerosas ocasiones, tuvo que salir a jugar pelota sin haber probado alimento. El béisbol, que comenzaba a ocupar un lugar importante en su vida, se desarrollaba en medio de esas limitaciones.

Su madre, mientras tanto, se encontraba en San Cristóbal, por decisión de su padre, Carlos Mauricio.

Una firma millonaria

El 2017 representó un giro extraordinario en la vida de Mauricio. Con apenas 16 años, firmó por 2.1 millones de dólares con los Mets de Nueva York, convirtiéndose en ese momento en el jugador que había recibido el bono de firma más alto en la historia de la organización.

La cifra contrastaba radicalmente con aquellos cinco pesos que le permitían desayunar antes de ir a la escuela.

Sin embargo, el dinero no tuvo el desenlace que pudiera imaginarse después de una infancia marcada por tantas necesidades. La bonificación también estuvo acompañada de dificultades familiares y un manejo financiero que terminó por dejarlo sin recursos antes de alcanzar las Grandes Ligas.

“Se gastaron… hubo un mal manejo, yo tenía 16 años y no administraba ese dinero. Pero ahora estamos en salud para hacer más de ahí. Siempre he escuchado que bono no hace pelotero y es la verdad”, explicó.

Mauricio no oculta que aquella etapa tuvo consecuencias. A sus 16 años, pasó de vivir con limitaciones económicas a formar parte de una negociación millonaria sin tener la madurez.

Aun así, concretó uno de sus mayores sueños, construirle una casa a su madre.

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