El optimismo que nos ofrece el presidente Abinader

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El pesimismo dominicano sigue teniendo expresiones clásicas, y por eso sobrevive, como la más socorrida se recuerda aquella de que “todos los políticos son iguales, y cuando llegan al poder van a lo mismo: perpetuación en el Estado, a toda costa, utilizando todos los mecanismos posibles para comprar su permanencia”.

La realidad nos está ofreciendo otra lectura. En medio de la peor crisis de salud de los últimos 100 años, hubo elecciones, y pese a los intentos reeleccionistas y de perpetuación en el poder del Partido de la Liberación Dominicana, hubo un cambio de gobierno. Un partido nuevo llegó al poder, y un nuevo presidente asumió el mando. Alguna gente se atrevió a identificarlo como incoloro e insaboro, porque según las malas lenguas, parecía una tayota.

Las cosas son diferentes ahora.

El nuevo presidente ha dicho que rechaza el clientelismo. Ha dicho que quiere reformas del Estado. Y que esas reformas deben ser para favorecer a la población. Que prefiere la independencia del Ministerio Público, y escogió a una Procuradora General de la República independiente. Y quiere sancionar a todo el funcionario público dice su gobierno que se equivoque. La primera baja del gobierno fue su ministra de la Juventud, porque hizo una declaración jurada de bienes dudosa, por lo menos.

El presidente se resiste a los modelos tradicionales de ejercicios gubernamentales. No se ha detenido. Donde quiera que hay posibilidad de empleos, allí se aparece. No teme a inaugurar obras que estaban paralizadas, como el turismo. Quiere que las actividades vuelvan a generar riqueza, que los hoteles abran, que las industrias produzcan, que la inversión extranjera fluya. Y no teme rectificar.

Da la impresión de que es un presidente con los pies en la tierra. Interesado en dialogar, hablar con los ciudadanos. No anda ataviado con saco y corbata en todas partes. Y en los lugares más solemnes aparece en mangas de camisa. Cuida los detalles, observa con los ojos del empresario, buscando rentabilidad, sin dejar de lado su preocupación por los más pobres.

No hay cabida a los resabios y las querellas. Luis Abinader ha sabido torear las quejas de los miembros de su partido, y ha presentado ya resultados ostensibles en apenas tres meses de ejercicio gubernamental. Aun no ha terminado de presentar las reformas institucionales. Y anda reuniendo al Consejo Nacional de la Magistratura. Proponiendo reforma de la Constitución de la República, eliminando el barrilito y entregando más poder a Milagros Ortiz Bosch y a Carlos Pimentel, dos Quijotes que han encontrado afinidad en eliminar dudas sobre el manejo de los fondos públicos.

Pese a los criterios derrotistas que han permanecido y permanecen, Luis Abinader ha inspirado a muchos en la sociedad dominicana y está ofreciendo una versión distinta de este país, más higiénica y sana, más pulcra y transparente. La opacidad no tiene espacio en el nuevo gobierno dominicano. ¿Qué impedía que los gobiernos del PLD realizaran las reformas que ahora está haciendo Luis Abinader? Nadie lo sabe, pero cualquiera aventuraría a decir que la ambición de permanecer en el poder hasta el 2044 o hasta el 2050. Porque aquel partido creado por Juan Bosch era Una escuela de presidentes.

Mentira. La democracia tiene la virtud de que permite que gente nueva, con ideas distintas, democráticas, sin ataduras excesivas con sus partidos, puedan gobernar y ofrecer una versión distinta del ejercicio del poder. Es posible gobernar sin delinquir. Es lo que nos está diciendo Luis Abinader y su equipo. Que haya casos, que se conocerán luego, es posible. Pero con los parámetros de Luis Abinader es muy difícil que tengamos una corporación robándole a Estado, a troche y moche, como estas ocurriendo en el pasado.

Luis está entregando esperanzas a este pueblo. Abinader nos está diciendo que podemos confiar en un presidente que no está en el poder para robar. Que su empeño es echar adelante una República Dominicana diferente a la que hemos conocido hasta el momento.

Nuestro deseo es que tenga éxito. Si la decepción se apoderara nuevamente de la sociedad dominicana, sería terrible, y Abinader sería el principal responsable.

Fuente : Acento.com.do.

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