Fuerte ético de Duarte

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Si Juan Pablo Duarte estuviera vivo. Eso reclaman a diario voces pesimistas ante un rosario de desmanes y vicisitudes que padecen los habitantes de este país al cual el patricio heredó la condición de dominicanos, a partir del 27 de febrero de 1844.

Cuánta equivocación hay en semejante proclama.
Juan Pablo Duarte, sin duda, es el único dominicano que sigue vivo, dándonos lecciones a través de sus actos e ideas.

Por eso hoy conmemoramos no solo el 208 aniversario de su natalicio, acaecido el 26 de enero de 1813. También es el día más idóneo para levantar sus indoblegables valores patrióticos y éticos, baluartes innegociables de su fortaleza cívica.

En un momento de guerras patrias, las autoridades que gobernaban la nación le entregaron a Juan Pablo Duarte 1,000 pesos –una apreciable cantidad de dinero en esa época– para sufragar gastos en una expedición a Baní, con las tropas movilizadas bajo sus órdenes.

A su regreso, una vez entró a Santo Domingo, y sin pérdida de tiempo, entregó a la Junta Gubernativa la rendición de gastos hechos por él en la expedición.

De esa cantidad gastó, y justificó con impresionante detalle, ciento setenta y tres pesos. De manera que devolvió al Tesoro del Estado 827.00 pesos.

De ese episodio de rendición de cuentas hay gente que lo tilda de tonto. Y que debió quedarse con algo. Y lo hizo. Devolvió el dinero y se quedó apegado a los fuertes valores éticos que hoy están en una lastimosa crisis en el país.

Hay que recordar a Juan Pablo Duarte en el contexto que vivimos y, sobre todo, a lo largo de muchos retorcidos episodios de nuestra vida republicana, y que sirva de contundente lección ante la extraña e inmodificable conducta de muchos funcionarios del pasado; y para los servidores públicos que hoy puedan verse tentados; y no puedan, luego de cometer desmanes, explicar los sustentos de la vida que llevan.
Aprovechemos el tiempo; y vivamos su ejemplo.

Fuente El Día

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