Joaquín Balaguer: El último hombre de Estado (2)

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Que Joaquín Balaguer haya sido un hombre de Estado, nadie lo pone en duda. Ni siquiera sus mas aguerridos enemigos; que paradójicamente, él nunca los consideró enemigos sino, adversarios. Esa intrínseca ironía, es una evidencia de que, el siete veces presidente dominicano, siempre mantuvo distancia de los demás, en el trato y en las formas; muy al margen de si eran ellos opositores de barricada, circunstanciales aliados o incondicionales adláteres. Y viene a ser que la serenidad de juicio, es una de las virtudes primeras que ha de exhibir un hombre de Estado.

Un estadista ni disfruta ni padece, simplemente soporta, acepta, objeta, entiende, permite, rechaza y ejecuta. Siempre en función de los intereses nacionales, nunca para lucro particular suyo, buen, casi nuca. Poder asimilar ésto, es quizás, la llave que abre las puertas de la equidad, al momento de establecer los aportes que, en su ejercicio, hacen los que llevan sobre sí el peso de las decisiones colectivas.

Hasta este punto, creo que mis cavilaciones son compartidas a plenitud por el lector. Las desavenencias vendrán probablemente, cuando intente demostrar el contenido del párrafo último de mi trabajo anterior, eso de que: “Joaquín Balaguer -con todas sus debilidades- ha resultado ser mas patriota y anti imperialista que otros gobernantes”.

Porque a la luz del diccionario popular, “patriota y anti imperialista” es una categoría histórica que se revitalizó con la muerte de Trujillo y en la que sólo cabíamos nosotros; entendiéndose por “nosotros”, los que pensábamos y actuábamos -políticamente hablando- contrario a las guías del gobierno de turno y del poder del Norte, o sea, éramos los “iluminados”. Y Balaguer, casi eterno en el poder (5 lustros); no siempre contó con el apoyo de los americanos.

Ya en el terreno de las explicaciones -aunque no necesariamente justificaciones- hube de auxiliarme de mi asistente en materia de “seguridad e historia”, el coronel Freddy Díaz (El Gallo), un banilejo de memoria prodigiosa y mente exponencial. Y claro que valió la pena, porque dando una miradita al siglo pasado pudimos acotar lo siguiente:

  • El primer contacto público de Trujillo con Joaquín Balaguer, fue en la primavera de 1924 en una manifestación contra la ocupación del país, en Montecristi. El entonces capitán de la Guardia Nacional le dijo al joven orador, algo así como: “yo no estoy aquí para reprimirlos, pero esas cosas que usted dice, no se pueden decir aún” y lo “repajiló” para su casa.
  • Aun y cuando Balaguer no era el favorito de USA para el gobierno que proponían como salida a la revuelta de abril, pues García Godoy y Antonio Guzmán resultaban mas confiables, lo respaldaron en 1966. Pero le impusieron el Military Advisory and Assistance Group (MAAG) que, con su programa de exterminio de combatientes

constitucionalistas, creó un ambiente de represión pública que afectó la imagen histórica de Joaquín Balaguer.

  • Las “fuerzas incontrolables” que él mismo denunció, eran organismos militares que manejaba el MAAG, que escapaban a su control y reflejaban el clima de inseguridad y ocupación que siguió a la revuelta de 1965.
  • En febrero de 1973, fue asesinado Gregorio García Castro, un amigo de Balaguer. Se dijo que fue víctima del enfrentamiento entre los sectores militares de Pérez y Pérez y Nivar Seijas, pero sabemos que Goyito fue otra de las víctimas de los “incontrolables”.
  • Y ese MAAG le dio tantos dolores de cabeza a Balaguer, que cuando movió al general Nivar Seijas (hombre de su confianza) de la Primera Brigada del EN a la jefatura de la Policía Nacional, para que investigara la muerte de Orlando Martínez, se le sublevaron los altos mandos militares y estuvo al borde de un golpe de estado.
  • Luego, los americanos presionaron a Balaguer y tuvo que reponerlos a todos, con una excepción, el comodoro Logroño Contín, que murió en el proceso; era el único miembro del alto mando militar que no fue impuesto por los americanos.
  • Es evidente que estos crímenes, no eran fruto de las luchas intestinas entre grupos militares criollos; ahora, lo que si es innegable, es que la mayoría de los militares dominicanos servían a los intereses foráneos y que sólo unos pocos eran fieles a su

presidente. Distorsionar los hechos, como reiteradamente hacen ciertos periodistas, es una vileza que solo persigue negar la historia.

  • Mas luego, durante la crisis post electoral de 1978, supimos que USA, con Jimmy Carter a la cabeza, le dobló el pulso a Balaguer y como consecuencia de eso -y de los resultados en las urnas- hubo de dejar el poder por ocho años.
  • De vuelta en 1986, tuvo la oportunidad de contrariar el deseo de los amos del Norte, al establecer vínculos comerciales y culturales con la aislada República de Cuba.
  • Pero, además, cuando se sancionó a Haití por el golpe de Estado contra Bertrand Aristide, Balaguer facilitó que por la frontera se pasara combustibles y alimentos, para evitar una catástrofe en Haití que, finalmente -entendía él- nos afectaría a nosotros mas que a nadie. El tiempo le dio la razón al Viejo Zorro, lástima que sus sucesores no alcanzaron a entender el carácter independentista que implicaba oponerse a los designios de Washington.
  • Su rebeldía también le costó la reducción del mandato que “mal ganó” en 1994, cuando se opuso al plan de Bill Clinton de establecer 20 campamentos de haitianos en territorio dominicano.
  • Durante años Joaquín Balaguer se opuso a los acuerdos que permitieran la extradición pura y simple, de dominicanos que hubieren cometido delitos en otros países, a pesar de los intentos de USA por firmar un convenio para tales fines. Argumentaba el presidente dominicano, que tales pactos tenían un sentido muy unilateral y que saldríamos perdiendo finalmente. Hoy de nuevo, el tiempo le ha dado la razón.
  • Se recuerda el incidente donde perdiera la vida Daniel Mirambeaux, acusado de asesinar al joven policía Mike Buczek en Nueva York. La versión popular -sin negar ni confirmar- asegura que “alguien de arriba” ordenó su muerte antes de entregarlo, para no poner al presidente Balaguer en la posición que siempre evadió en su vida, la de ser incongruente con sus principios.

Creo que no hay dudas de que Balaguer vivió permanentemente asediado, que, si bien es cierto que los americanos “lo aceptaban”, y que él “se manejaba” con ellos, nadie puede negar que sus acciones siempre procuraron preservar los valores nacionales.

Estas desavenencias de Balaguer con el Norte, no lo califican de pleno como “anti imperialista”, pero si como nacionalista y patriota a toda prueba, muy opuesto a otros, que nunca se permitieron ni por un pienso, disentir de Washington.

Ese simulado título de “anti imperialista” lo dejo para análisis, cuando, cuando ya hayan reposado los hechos y la criba del tiempo -juez final de todos los conflictos- haya separado finalmente la paja del trigo.

Ahora, en este mundillo de incongruencias y mezquindades, donde los muchos siempre culpan de sus miserias a los pocos; habrá quien luego de esta parrafada, inútil quizás, decida contar los acentos faltantes en lugar de preguntarse, ¿hasta dónde tendrá razón este viejo gruñón?

Cuando se plantee tal interrogación, entonces, estaremos listos para discutir la obra de gobierno de Joaquín Balaguer Ricardo, un hombre a quien, obrando con justicia, hay que identificar como él mismo se definió: “un simple instrumento del destino”.

Cóncavo para unos y convexo para otros, porque a fin de cuentas fue solo un mortal, pero de innegable espíritu “febrerista”.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

ROLANDO ROBLES            

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