Preparémonos para lo peor

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Antes de que esta ola apriete, el gobierno debe ir preparándose para disponer mayores y cruciales restricciones a la movilidad ciudadana, ya que la defensa de la vida está por encima de los placeres y deleites callejeros de los que todavía no han hecho conciencia de la peligrosidad de este virus.

Sobran las razones para ir preparándonos para lo peor.

Los centros hospitalarios comienzan a dar señales del estrés al que están sometidos al no disponer de camas, ni médicos y paramédicos suficientes para dar servicios a los contagiados.

Inclusive, se están dando casos de traslado de pacientes de una ciudad a otra en busca de camas para internamientos y hasta rebotes de hospitales públicos a clínicas rurales, cómo está sucediendo en Santiago y Baní.

Hasta ahora, la respuesta más inmediata que ha dado el gobierno ha sido la de imponer un nuevo horario de toque de queda en la capital, acompañado de restricciones al expendio y consumo de bebidas alcohólicas en centros privados y en espacios públicos.

Igualmente ha ordenado preparar el regreso al teletrabajo de servidores de instituciones públicas, en muchas de las que se han registrado serios brotes del coronavirus.

Y se están estudiando medidas para controlar el ingreso de viajeros que provienen de países donde la circulación de nuevas variantes del SARS-CoV-2 está causando serios estragos sanitarios.

Ahora sí es verdad que tenemos que mantener la guardia en alto y masificar la vacunación de los ciudadanos y los rastreos de contagiados, asintomáticos o no, para frenar este rebrote.

Editorial del Listín Diario

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