El silencio lo mató

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Orlando Gil

Jean Alain Rodríguez no era muy dado a hablar, y cuando comparecía ante los reporteros controlaba la curiosidad o interés de la prensa.

Tuvo más de un altercado por esa razón, y se recuerda uno en Santiago, pues dijo que contestaría 3 preguntas, y por necedad o necesidad se produjo una cuarta que no respondió.

Intrigado indagué sobre esa conducta y la contestación me dejó con la palabra en la boca: “El presidente tampoco responde…”.

Ese temperamento del entonces Procurador tenía modelo que seguía, ejemplo que imitaba. No era timidez, ni falta de elocuencia.

Era una réplica de Danilo Medina, y como creía que su superior se la estaba comiendo, compartía su silencio. El manejo displicente de la información.

No sé qué piensa ahora, pero se observa un cambio de actitud, e intenta decir de golpe, al mismo tiempo, todo lo que calló en sus años de poder.

Posiblemente sea tarde para ablandar habichuelas, los guandules están listos y en la mesa, y los comensales del ministerio Público con cucharas grandes.

La percepción creció, la impresión se hizo grande, y difícil que pueda borrarse lo que no solo es sentimiento, sino emoción.

La gente tiene eso de malo, que olvida y perdona, pero tiempo después de los acontecimientos.

Lo suyo es de ahora, y ni olvido ni perdón.

Tal vez no sea consciente de que sea lo que sea de que lo acusen, y haya o no haya prueba, lo que ocasiona su desgracia es un rencor ajeno.

El episodio en el Consejo Nacional de la Magistratura dura en la memoria, y esa es una deuda que no solo deberá pagar, sino que será cobrada.

Tiempo hubo para explicar, aclarar, defenderse, pero la arrogancia del poder es incontenible, no recapacita, ni cree necesario echar agua al vino. Miles de años después la historia se corrige. El pueblo no quiere a Barrabas en las calles, lo piensa culpable y pide que la justicia disponga.

Habrá pataleo, y el debido proceso protegerá sus derechos, pero si considera la circunstancia, ahora deberá hacer lo que una gata acorralada: dar zarpazos.

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