Cartas a Evelina quedan pequeñas ante banalización social

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Luis García

luisrgarcia15@gmail.com

Lo banal, lo trivial, todo aquello que genera “likes” se ha convertido, en la última década,en una cuestión que va modelando el comportamiento en determinados segmentos de la sociedad dominicana.

Ese comportamiento se propaga vertiginosamente en lo que aparenta un mundo lujurioso de lo intrascendente.

Determinados políticos son capaces de mentir descaradamente sobre cualquier temática, artistas que no les importa desnudarse frente a la misma virgencita de la Altagracia o funcionarios que viven atentos a qué traen las redes sociales para luego tomar decisiones que generen aplausos, al margen de que lesione a no el interés nacional.

Vivimos la época de los “likes” en redes sociales; una forma de vivir que profundiza el deterioro moral que acusa, desde hace tiempo, la sociedad dominicana.

Muchas veces el “éxito” personal se pretende medir por la cantidad de seguidores o los comentarios favorables en las cuentas de redes sociales.

En tanto que valores como la honestidad y la solidaridad apenas sobreviven en una sociedad que los empuja a salir de ella, lo que, en palabras del extinto escritor Eduardo Galeano sería en el sentido de que “vivimos en un mundo donde el funeral importa más de que el muerto, la boda más que el amor, el físico más que el intelecto; el mundo de la cultura del envase, que desprecia el contenido”.

La actual ha dejado pequeña a la sociedad que retrata Francisco Moscoso Puello en su obra Cartas a Evelina, un formidable ensayo, publicado en el año 1941, en el que el escritor y respetable médico describe la forma de pensar y de actuar del dominicano; comportamiento que había permanecido sin muchas variaciones a través del tiempo.

La obra tuvo poca difusión, lo cual se entiende en el contexto de que, entre otras cosas, golpeaba directamente a los lisonjeros de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, que se encontraba en pleno apogeo en el momento de su publicación.

Los mejores pensadores de la época prefirieron callar y otros, los menos, hasta llegaron a criticarla. Hubo la excepción de un alumno de Moscoso Puello, el psiquiatra Antonio Zaglul, quien tuvo el valor de defender la obra y a su autor.

Moscoso Pueblo resulta punzante cuando señala que el dominicano siempre ha procurado arrodillarse ante el poder para procurar beneficios particulares: “Aquí se juega a gobierno. No tenemos ciudadanos.

Las dos terceras partes de la población está constituida por campesinos ignorantes, cuya mentalidad no ha avanzado gran cosa desde la conquista.

La otra tercera parte está formada por hombres de mediocre ilustración y corrompidos, que adolecen de las taras que nos legó la escoria de los conquistadores y la de otras razas inferiores. No hay, pues, elementos para establecer un régimen político avanzado de acuerdo con la hora de progreso que vive el mundo…”.

Hoy la mayoría de la población dominicana habita en las zonas urbanas, el nivel de escolaridad es mucho más alto, vive en democracia y ha generado un adecuado nivel de conciencia política.

Sin embargo, muestra retroceso respecto a los valores morales, obviando la grandeza del ser humano y su enorme capacidad para seguir el camino de lo justo, de lo correcto y de lo bueno; aquello que conduce a la consecución del bienestar permanente de un pueblo.

La generalidad del dominicano de estos tiempos se fija más en las apariencias, ignora lo que está en el interior de su semejante. Y en ese punto, la visión de Moscoso Puello se quedó corta en Cartas a Evelina, porque lo banal es lo que cuenta en esta sociedad del espectáculo.

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