El problema son las leyes de letra muerta:

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David Frías.

En 2016 la DIGESETT mediante la resolución 02-16 prohibió que conductores de motocicletas transiten con otra persona en la parte trasera y de hacerlo que estén identificados como servicio de transporte y usen el casco protector, todo ello para evitar riesgos ante un accidente de tránsito y al mismo tiempo disminuir los asaltos cometidos por bandas motorizadas. Hasta la fecha observamos a la gleba desfilando por nuestras avenidas sin protección y a alta velocidad, hasta tres personas encaramadas en un motor y niños pequeños cerca del dispensador de combustibles (bastante peligroso por cierto).

En 2019 mediante la ley 16-19 validada por el Tribunal Constitucional queda vetado el uso de la hookah en lugares públicos y privados, a la fecha la hookah se fuma y se vende a la clara siendo una de las causantes de que jóvenes infectados por el Covid 19 ocuparan las unidades de cuidados intensivos por complicaciones respiratorias debido a la inhalación de humo líquido y la poca higiene por compartir la manguera entre varios miembros de un mismo coro.

En ese mismo año la OPRET sacó el manual de usuarios del metro y en el artículo 27 del mismo se prohibía terminantemente que los religiosos fanáticos fueran a predicar a los vagones, recuerdo que por esa misma época un señor se salió de control y empezó a increpar a los demás ocupantes del transporte amenazándolos con que se irían al infierno si no recibían sus tratados bíblicos (no sé si estaban impregnados de burundanga para arriesgarme a tomarlos), aproveché la ocasión y le pregunté a un Cesmet si eso no estaba recién prohibido y me dijo que no se podía frenar la “palabra” de Dios, entonces aparte de candidez también demostró poner sus convicciones personales (las cuales se respetan) por encima de los reglamentos del orden público y hasta de la misma biblia la cual reza en Romanos 13: 1-7 lo siguiente:

“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos”.

Podemos tener un Código Penal mañana con leyes drásticas para el crimen, el vandalismo y el abuso a los derechos y reivindicaciones del ciudadano, pero es hora (y esto no se trata de gobiernos ni partidos, más bien de empoderamiento y sentido responsable colectivo) de que las normas se lleven al pie de la letra, donde tirar un papelito en la calle tenga la misma sanción correspondiente al hecho de la misma manera que la recibirá quien mate por un celular o una prenda o cometa un atentado de grandes proporciones. Mientras no se aplique un régimen de consecuencias a ciertas infracciones (leves, graves o moderadas) muchas leyes quedarán como letra muerta.

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