Reputación del país ante el caso haitiano descansa en Abinader

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Guarionex Rosa

Sin buscar el pleito con Haití ni con nadie, el presidente Abinader tiene que sacar la reputación de la República Dominicana adelante, pese a que los países amigos de Haití como Estados Unidos, Francia, Alemania, Canadá y la Unión Europea callan ante la situación.

Abinader apela a su patriotismo aunque sin dejar de ser compasivo con la miseria del país vecino. Se dice que ha estado irritado por los informes de que bandas armadas que desafían al régimen haitiano pudieran acercarse a la frontera dominicana para merodear.

La República Dominicana nada tiene que ver con el secuestro de un grupo de 17 misioneros todos norteamericanos menos uno que es canadiense, cuyos captores piden 17 millones de dólares, un millón por cabeza para ponerlos en libertad. Llevan 20 días apresados.

En la última semana de lo menos que se habla es del secuestro, un drama humano de significación no solamente para la congregación Christian Aid Ministeries (CAM), de Ohio, Estados Unidos y que han venido impulsando obras de caridad y alimentando niños de Haití.

Estados Unidos ha repudiado el acontecimiento y ha enviado a Puerto Príncipe varias misiones y agentes del Buró Federal de Investigaciones, FBI, mientras “drones” están tratando de localizar el punto exacto donde se encuentran los 17 secuestrados que posiblemente son movidos de sitio constantemente.

La opinión pública norteamericano no ha sido tan sensibilizada por el secuestro como porque Haití ha sido secuestrado también por varias bandas bien armadas que mientras hacen un escándalo mundial, han puesto nerviosa a la República Dominicana y persiguen derrocar al gobierno de su país.

Joseph irrespeta
Del lado dominicano la situación subió de tono luego de que el canciller Joseph encaró al presidente Abinader en manera que se consideró irrespetuosa, por las medidas militares que se han adoptado en la frontera para proteger las vidas y bienes de los dominicanos.

Joseph afirmó en Twitter que la RD vive también “un aumento de la delincuencia”, algo a lo cual la parte dominicana consideró un irrespeto.

Pocas horas después la Cancillería decidió “pausar indefinidamente” el programa especial de visados para estudiantes haitianos.

Se cree que la medida será revocada como una muestra de buena voluntad de laparte dominicana y ante el pedido de grupos religiosos, políticos y legislativos que consideran la penalidad incompatible como un castigo a personas que nada tienen que ver con el problema.

El primer ministro Henry conversó por teléfono con el presidente Abinader y consideró “caso cerrado” el malestar provocado al gobernante dominicano por su canciller. Esta vez la diplomacia olvidó que un canciller no tiene la estatura para discutir con un presidente.

Otra medida de castigo fue impedir que los extranjeros, normalmente de mayoría haitiana, puedan acudir a los hospitales excepto casos de emergencia. Los haitianos han sido recibidos en los hospitales dominicanos con igual atención que los criollos.

El jueves el presidente Abinader convocó a dirigentes políticos, empresariales y sindicales para recabar su comprensión y escuchar alternativas frente a los problemas de Haití, cuya violencia en manos de gangas armadas, se teme que pudiera afectar a la RD.

El primer ministro Ariel Henry, quien no duerme en su casa, tras las amenazas del jefe de bandas, Jimmy Cherizier, alias Barbecue, ha asumido un papel conciliador al reconocer que se cometió una imprudencia por parte de su ministro de relaciones exteriores, Claude Joseph, quien se dirigió de manera irrespetuosa al presidente Abinader.

Lucha de poderes
En Haití hay una lucha de poderes entre el primer ministro Henry y el canciller Joseph, un producto de las agitadas calles de Puerto Príncipe y quien está más cerca de Barbecue que de su jefe, esperando que en un golpe de carambola haitiana, el poder quede en sus manos.

Barbecue tiene un lenguaje anti-oligárquico y una pose parecida a la de Maduro, el presidente de Venezuela, boina terciada incluida. Siempre con seguidores en las calles, los agitadores haitianos tienen a la oligarquía de blancos y mulatos debajo de las camas.

Sería una inconveniencia para la parte dominicana que Joseph pudiera ganar en la puja con el primer ministro Henry, quien tiene la burocracia y los líderes políticos moderados de su lado, pero buena parte a la espera de hacia dónde se inclinaría

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