Hasta hace pocos días, decir soy banilejo nos obligaba a bajar la cabeza, sentir pena y hasta vergüenza

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Por Juan Santana

Sucede, que un desvergonzado sin honor y sin nombre, nativo de nuestro pueblo; fue capaz de golpear a una dama a la que luego dejó tendida en el pavimento, en la intersección de las calles 27 de febrero con Santomé y luego, huyó del lugar como rata cobarde y se escondió.

Ayer, cambió el panorama. Quise escribir estas letras al momento de conocer la noticia que nos cuenta, acerca de la exaltación de David Américo Ortiz Arias al Salón de la Fama, del Béisbol de Grandes Ligas en Cooperstown.

Pero, me guardé ese orgullo y esa emocin que sentí y siento, para este momento, para hablar con más frescura en esta madrugada y para resaltar el trabajo de tantos banilejos que a cada instante, siembran de honor los caminos de la Patria, sin importar el lugar en donde, por necesidad o por obligación, les ha tocado vivir.

Hoy, en el día que celebramos el 209 cumpleaños del patricio Juan Pablo Duarte y Diez, el hombre que creó nuestra nacionalidad, levantamos nuestras cabezas y banderas y a todo pulmón proclamamos: ¡Viva la Republica Dominicana, carajo!

El autor es periodista radicado en New Jersery, EE.UU.

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