Peloteros vs dueños ¿Pleito entre la piedra y el huevo?

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“La soga siempre rompe por lo más delgado”. Con esa premisa, hay uno de los sectores que es el más llamado a ceder so pena de la presión interna, porque “las clases no se suicidan”, axioma sociológico que nunca tomó más cuerpo que en la pugna entre los dueños de equipos de Grandes Ligas y los peloteros.

Y con todo claro sobre las leyes físicas, éstas también operan como sinónimos sociales. Si no, sólo basta reconocer que el lado débil está compuesto por obreros que no comen si no trabajan, y su actividad se llama béisbol.

El parón patronal, desde el 2 de diciembre, como bien lo dice, lo origina el dueño del negocio, quien paga. Por ello, desde que existe el capitalismo, son excepcionales las veces que una lucha laboral logró sus objetivos. Aunque en el 1994 –última huelga-, los peloteros resistieron y sólo se jugó la primera mitad de temporada.

¿Quién depende más de quién? Obvio que el obrero necesita del salario, y por ende, está compelido a ceder, y se contenta cuando cree haber “derrotado” al empleador.

Las historias por donde pulula un pelotero para convertirse en figura y amasar con qué vivir cómodo su vida y generaciones descendientes, están a la orden del día, pero tuvieron que aprovechar oportunidades que no llegarán dentro de casa o en ligas menores.

Intereses contra necesidades
Si usted aún cree que el pelotero común (95 por ciento) lo tiene todo, anda muy distante de la verdad. Incluso, en casos de aquellos que los convocan al Gran Circo por algunos meses. Pero aún así, un sueldo de Grandes Ligas equivale a dos veces y media el de la campaña para un ligamenor y sólo casos específicos.

El pelotero de las menores es tan mal pagado como cualquier empleado no académico en Estados Unidos. Por eso, los latinos hacen “serruchos” para vivir su día a día. Y esa cotidianidad, en el 90 por ciento del común mencionado, sólo salta en sus finanzas si juega en el más alto nivel, adonde recibe un trato a cuerpo de rey en todo.

El “de abajo” sólo recibe sueldo decente cuando está en roster de 40 (promedia los US $7,500 netos mensuales, dependiendo de otras condiciones), pero a sabiendas que la otra mitad del año tiene que “buscárselas” como pueda en circuitos invernales. Muchos, como sucedió con la pandemia, tuvieron que ejercer ¡hasta albañilería!

Si la presión del sindicato (unos 150 están bajo contrato) busca mejores condiciones –las actuales son muy buenas-, quienes más terminan perdiendo son precisamente los peones, porque aún los ya contratados no ganarán un dólar mientras zozobre una temporada cuya fecha inaugural está en veremos. En los entrenamientos primaverales los jugadores sólo reciben dietas.

Sindicato de unos pocos
El sindicato de peloteros representa casi un millar de miembros, pero no pasa del 15-20 por ciento los que “no pierden nada” con el traumático paro, dado que ya amasaron fortuna, mientras el resto no tiene su vida garantizada.

Pero, ese minúsculo grupo irónicamente es el que lleva los hilos hasta las últimas consecuencias: son los más veteranos y/o en quienes descansa el prestigio y en un 95 por ciento son las voces que escucha el sindicato. El resto tiene poco poder de veto en cada decisión. En 1994, Donald Fehr –un portento agente- lo demostró, dejando a muchos jugadores gastando de lo que pudieron ahorrar.

La inmensa capa ve diluir sus posibilidades de mejor vida. El que asciende a Grandes Ligas hoy, casi nunca es el mismo que pueden llamar uno o dos meses después: en un negocio con tantos talentos, la realidad cambia a diario por las variables competitivas de cada equipo.

Rob Manfred
Comisionado de GL

Abogado y ejecutivo de negocios. Es el décimo y actual Comisionado de la MLB. Anteriormente se desempeñó como Director de Operaciones de la Major League Baseball (MLB) y sucedió a Bud Selig como Comisionado.

Tony Clark
Pte. Sindicatos Jugadores

Anthony Christopher Clark, es un ex primera base de las Grandes Ligas y el sexto director ejecutivo de la Asociación de Jugadores de las Grandes Ligas. Sus mejores como jugador fueron Detroit.

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