La involución de la Investigación Social en el Siglo XXI y la poca comprensión de lo humano.

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Por Carlos Julio Féliz Vidal.

La investigación es la puerta que se abre para adquirir nuevos conocimientos.

La humanidad es, hasta donde conocemos, la única especie capaz de investigar en el planeta tierra, lo que la coloca en un nivel  superior de la inteligencia, facultad que también se reconoce a otras especies.

En el Siglo XXI las investigaciones físicas, matemáticas y biológicas se han incrementado de manera asombrosa, hasta el punto de que contamos con amplias informaciones de la materia, del universo y del cerebro humano que eran impensables sólo  hace décadas.

Mientras avanza la información astro física,  la neuro científica y se incrementa la ciencia aplicada, a lo que comúnmente se llama tecnología, en campos tan diversos como la genética, la informática, la agricultura, la náutica, la aviación, la comunicación y las diversas ingenierías, parece que declina el interés por conocer lo humano en en el contexto social, lo que reduce al “hombre” al plano de una máquina biológica o de un ave que puede, alterando algunas leyes, alzarse al más recóndito de los cielos al utilizar agujeros del tiempo o aprovechar la distorsión del espacio y el tiempo, en procura de acercarse, igualar o  superar  la velocidad de la luz.

Al tiempo que comprendemos mejor la naturaleza y que podemos traducir sus leyes en algoritmos, que domesticamos el lenguaje de las matemáticas, nos servimos de las magnitudes de la física y exploramos los recónditos del cosmo, parece que vamos perdiendo la comprensión de la sociedad, de las leyes que la regulan, de los intereses que la dominan, del poder factico, religioso, moral, político y jurídico que determinan que seamos un “animal” tan singular y complejo en este entorno, donde lo material y espiritual se conjugan, donde el pasado, el presente y el futuro adquieren sentido ante las variables de lo próximo y  lejano, de la vida y la muerte, del amor y el odio, de lo transitorio y lo eterno, entre otros tantos contrastes.

Las Ciencias Sociales explican las vivencias, las virtudes, los defectos, las creencias y las apetencias humanas, descuidar su estudio, abandonar la investigación de su objeto es empequeñecer lo que somos como especie y renunciar a conocer lo que somos, cómo influimos unos en los otros y cómo nuestra propia conducta deja de ser un mero producto de la biología para ser una respuesta  combinada de lo orgánico y lo social.

Hace falta que retomemos la investigación social para conocer mejor la respuesta humana ante los fenómenos de la sociedad, sin que ello implique desconocer las bases biológicas de la conducta, a sabiendas de que la humana es la única especie en el planeta que ha regulado su existencia, por un entramado de cultura normativa que se traduce en hilos invisibles que dominan el comportamiento y que no pueden explicarse a la luz de lo meramente biológico.

El humano trasciende las leyes de la biología para  crear mundos en la cultura, que valen tanto para nosotros como las leyes naturales que determinan parte de nuestro accionar; las leyes que impone la sociedad condicionan nuestros instintos y marcan nuestra evolución como especie, de ahí la importancia de seguir profundizando en la investigación social que tanto ha declinado en el Siglo XXI, lo que a su vez ha influido en la pobre comprensión que tienen las nuevas generaciones de lo humano.

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