¿Permitiremos la completa invasión?

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Ellis Pérez

Los diferentes autores que nos describen la saga desde los primeros asentamientos familiares nos hablan de la tribu compuesta originalmente por los miembros de una familia: padre, madre, hijos y miembros subsiguientes que usaban las cuevas naturales y luego las viviendas construidas de manera simple en lugares escogidos, favorecidos por la naturaleza, generalmente cerca de los ríos y árboles circundantes. Al crecer las familias, ligándose en vida común con otros miembros de la especie que iban captando su confianza, se fueron desarrollando las comunidades. En ella eran bienvenidos y admitidos solo aquellos que les lucían semejantes y por tanto así eran reconocidos. Normalmente, los forasteros desconocidos eran objetos de desconfianza y normalmente rechazados en esas comunidades. Eran como clubes para cuya entrada había que presentar credenciales de personas confiables. Así se evitaba la presencia de personas indeseadas.

El ser humano ha demostrado que normalmente acepta el acercamiento de aquellos que lucen parecido a él, y rechaza a todos aquellos que no se les parece ya sea físicamente, o por manifestaciones de su cultura. Así vemos como los orientales se identifican y se aceptan entre sí y tienden a rechazar a los que no lucen como ellos.

En el caso nuestro y la relación con Haití las manifestaciones culturales han definido dos grupos totalmente diferentes que definen claramente las condiciones de cada quien. Hemos venido facilitando el traslado de cantidades extraordinarias de ciudadanos haitianos, especialmente, a partir del terremoto del año 2010, cuando por razones humanitarias era entendible que acogiéramos una cantidad para socorrerlos. Una vez pasado ese periodo hemos debido volver a ser celosos con la frontera y detener ese flujo que ha venido trasvasando grupos de nacionales haitianos que han venido a refugiarse y colocarse donde quiera que han podido en diferentes zonas y comunidades del país.

Ya la francesa Marine Le Pen y otros líderes políticos internacionales nos han advertido de las consecuencias incalculables que amenazan a nuestro territorio y su soberanía. De no actuar ahora, de manera firme, muy pronto la República Dominicana por la que lucharon Duarte, Sánchez y Mella y otros héroes nacionales, dejará de ser.

Usted puede iniciar la lista de los principales culpables, que los hay, que junto a la comunidad internacional conocida buscan una salida para el problema haitiano que desde lejos les parece fácil: la fusión de Haití con República Dominicana.

¿A quiénes señalará la historia como los responsables y culpables?

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