El gobierno de Abinader en la segunda del quinto

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Felipe Ciprián

En dos semanas el gobierno de Luis Abinader llega a la mitad de su período de cuatro años y comienza una cuenta regresiva inexorable que en mayo de 2024 se define si se va o si continuará por otros cuatro años como se lo permite la Constitución si es que cuenta con el sufragio favorito de la mayoría de los votantes en esos comicios.

Como gran parte del pueblo dominicano sostiene, en los primeros dos años ha habido muchos anuncios de obras, planes de inversión y ambiciosos proyectos inmobiliarios y de transporte, pero en concreto, las inauguraciones y puesta en funcionamiento de infraestructuras y soluciones a las demandas de servicios, han quedado muy cortas.

Al día de hoy, hasta donde yo recuerde, no hay una obra iniciada y concluida por el gobierno de Abinader que signifique un impacto perdurable en el imaginario popular.

De Joaquín Balaguer se recuerda la reforma agraria con un apoyo extraordinario a la producción nacional, la reconfiguración de la ciudad de Santo Domingo, las avenidas, la hidroeléctricas, los planteles escolares “tipo Paraguay” construidos con capacidad para resistir sismos y ahí están igualitos desde hace 50 años…

Aunque un año después de Antonio Guzmán asumir el poder el ciclón David provocó una catástrofe social y económica, se puede recordar del gran esfuerzo de la reconstrucción de las vías de acceso, el fomento de la producción agropecuaria que dirigió Hipólito Mejía, de la edificación de clínicas rurales que aun están ahí en gran parte del territorio nacional…

La obra de Leonel Fernández –y sigo hablando en términos materiales– fue tangible en los túneles y pasos a desnivel, el transporte colectivo, la mejora considerable de los planteles escolares y su dotación de seguridad, las carreteras, el Metro, la simplificación de los servicios y trámites gubernamentales…

El gobierno de Hipólito Mejía se recuerda por el fomento del cultivo en invernaderos, la construcción de polideportivos, mejoramiento de carreteras y autopistas…

La impronta de Danilo Medina fue cumplir con asignar el 4% del PIB a la educación, que se volcó en forma fulgurante a la construcción de planteles para alojar escuelas, mejoramiento de viejas instalaciones, la termoeléctrica de Punta Catalina, el asfaltado de calles y carreteras como nunca antes, las visitas sorpresa que revivieron el campo que tenía años relegado…

Abinader, que ahora gobierna, ha dado muchos picazos, palazos y ha hecho anuncios, pero faltan resultados tangibles, obras palpables que sirvan de espejo para que la gente las asocie con su gestión.

Segunda del quinto
En el juego de béisbol, cuando el partido supera la primera parte de la quinta entrada, sin importar como esté el line up, los equipos necesitan hacer los ajustes precisos para, si tienen más carreras que el contrario, mantenerlo controlado, pero si están por debajo, desatar una contraofensiva para colocarse en ventaja antes de llegar al final del partido.

A Abinader le está llegando ese momento y si se va forjando como un estadista, sabe que todo buen manager en “la segunda del quinto”, no tiene tiempo que perder y debe garantizar que su equipo –lanzador, receptor, tercero y cuarto bate, relevista y bateador emergente– tienen que estar en su puesto para garantizar el éxito.

El líder del Partido Revolucionario Moderno (PRM) debe saber que no es Presidente de la República por el voto de las bases de ese partido ni por los aportes de empresarios interesados en hacer negocios con su gobierno. Es el gobernante porque la gente lo vio como alternativa frente a un peledeísmo en desgaste y el repudio masivo a la corrupción que viene desde 1492.

La esperanza de quienes votaron por Abinader para que hiciera gobierno, era que desde el poder pusiera en marcha las soluciones para los graves problemas nacionales.

Pero la verdad es que ni Abinader ni ningún otro mandatario es un mago para manejar al detalle la situación y la solución de tan variados y complejos problemas nacionales, por lo que tiene que confiar en sus ministros y funcionarios, suponer que sus informes y sus propuestas de ‘políticas públicas’ van a dar los resultados positivos que el gobernante tiene como objetivo.

En el fondo, ahí ha estado el fallo del gobierno de Abinader. 

Ministros clave de su administración han colocado sus intereses particulares y grupales para sacar ventajas y los objetivos programáticos del jefe del Estado se quedan relegados en anuncios que no se concretan o en iniciativas que terminan favoreciendo negocios particulares y los problemas agravándose.

Un buen ejemplo es la agropecuaria. Miles de millones en importaciones y subsidios a insumos y comercialización, y la comida básica en lugar de bajar, sube de precios.

Otro ejemplo es la locura de sangrar a cientos de miles de familias con una factura eléctrica “calculada” para multiplicarse cada mes, aunque los ajustes de tarifa eran cada tres meses.

Ese tipo de funcionarios no solo erosionan la credibilidad del gobierno, sino que hunden la esperanza de los pueblos y así es muy difícil conseguir el “voto secreto” a favor de la reelección.

A mover la coctelera
En el gobierno de Abinader hay funcionarios relucientes, presentados, engreídos y arrogantes que consideran que lo hacen muy bien, pero se constituyen en un daño descomunal a la imagen del mandatario y sobre todo, al líder del PRM que va en búsqueda de la reelección.

Por suerte para Abinader, tiene funcionarios de gran valía, en muy bajo perfil, que lo ayudan con su comportamiento y no le andan disputando el espacio mediático.

Uno de ellos es el administrador de Bienes Nacionales-Consejo Estatal del Azúcar (CEA), César Cedeño, que con toda discreción le aporta puntos al gobierno defendiendo el patrimonio público sin caer en populismos ni estridencias.

Por eso observé su correcta actitud al afirmar públicamente que ha recuperado más de 100,000 tareas del CEA que estaban en manos de particulares, pero no es su intención hacer desalojos de familias que construyeron sus viviendas en terrenos estatales, porque no está para provocar dramas sociales entre dominicanos.

He ahí la diferencia. La experiencia política de Cedeño, su vínculo social y su trayectoria, lo persuaden para saber que un gobierno de cuatro años no es una monarquía familiar rodeada de vasallos, sino una oportunidad de servir con discreción.

Un hombre de su dimensión, su capacidad gerencial y política, no debía estar subutilizado, sino articulado para aportar soluciones a graves problemas nacionales. 

Pero no me detengo en ese ejemplo, cito a un dirigente del PRM como el doctor Eddy Olivares, con toda su experiencia como procurador fiscal de la provincia Santo Domingo y luego como miembro titular de la Junta Central Electoral. 

¿Alguien puede explicar por qué Olivares no sirve con su honradez y experiencia, como otras veces, en el gobierno de su partido? 

También está el caso de Héctor Guzmán, quien desde los años setenta lo veo trabajado en el sector agropecuario con éxito y es un conocer fino y conectado con la realidad del campo, que si bien no es miembro del PRM porque le quedaron mal, supongo que no se le negaría al país y a Abinader para ayudar a sacar a la agropecuaria del fondo que está tocando.

Dirigentes políticos y experimentados funcionarios como Cedeño, Olivares y Guzmán, son el vivo ejemplo de que Abinader tiene de dónde buscar para aportar soluciones a los graves problemas de este país.

Acudiendo a ellos y a otros con ese perfil, el gobierno puede reinventarse para beneficio del país en un momento tan terrible en todo el mundo por la pandemia del Covid-19, la guerra en Ucrania y el peligroso sendero de recesión, pérdida de empleo e inflación.  

Si eso se “ensuelve” en aval político para Abinader, bien ganado estaría

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