La sábana corta y la ambición sin límites

show260 views%VIEW_COUNT%

Por Ulises Guevara Féliz

Desde niño escuché a nuestros antecesores hacer uso de este adagio. Quizás por la poca edad no entendía qué querían decir con esto, o pude interpretar que, si la sábana que nos cubría para protegernos del frío era pequeña, teníamos que conformarnos con esta. Luego, a medida que fui creciendo y teniendo uso de razón, entendí perfectamente cuál era el mensaje de esos viejos sabios.

Temprano pude llegar a la conclusión de que lo que ellos querían expresarnos era que fuéramos conformes con lo que tuviéramos o ganáramos; que era como decirnos: no se metan en problemas, que si teníamos cien pesos no procuráramos gastar doscientos, o que no gastáramos más de lo que ganábamos.

Por lo antes expuesto, nuestros antecesores tenían razón. Era una manera de formar hijos e hijas para el bien. Con el correr del tiempo vemos que individuos llegan a un cargo público, ganan un buen sueldo, tienen base económica y familiar, y aun así tienen la cara tan dura que se roban todo lo que les pasa por los lados. Tienen la cultura del robo en su ADN, y es que el que es ladrón no importa lo que tenga o gane: la tentación del dinero se les hace irresistible.

Vemos individuos de la tercera edad metidos en líos, donde de ahí en adelante debemos ir preguntándonos: ¿cuánta vida nos queda por vivir? Ya que hemos vivido más de la que nos queda, en una edad donde, si tienen hijos e hijas, deben estar realizados aunque sea profesionalmente. Entonces la pregunta es: ¿para qué quiere seguir acumulando dinero y de manera ilícita, bárbaro?

Tengan todos y todas un feliz fin de semana y regalen algo muy caro, como lo es una sonrisa.

El autor es procurador adjunto de la Corte de Apelación de Barahona

También podría gustarte Más del autor

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.