¿Por qué la Fuerza del Pueblo?
Enrique A. Tezanos
En esta ocasión, el país exige un desempeño encomiable de su destino, hoy que cosas que pensábamos ganadas están en juego; hoy que el pollo ha vuelto a ser un privilegio entre los más pobres.
No podemos quedarnos quietos y ver pasar el cadáver de nuestras causas, hoy que la arrogancia y las ideas antidemocráticas han hecho de los servicios y de la función pública una herramienta para amedrentar y humillar, además de seducir.
Los tutumpotes, ayer mansas ovejas que hablaban de democracia, hoy conspiran contra los derechos conquistados, como la libre expresión y el derecho a pensar diferente.
Estamos listos, a pies juntillas; estaremos del lado bueno de la historia.
En 1996 asume el Poder Ejecutivo el Dr. Leonel Fernández. Con él llega también una visión transformadora y redentora de la causa nacional, expresada por él mismo en su toma de posesión: “Llevo conmigo la carga y los anhelos de una generación”.
Muchos han olvidado que antes de aquella visión la riqueza era cosa de abolengo y la movilidad social era objeto de estudios en libros y tertulias. El progreso era un asunto excepcional, sujeto a la suerte y a la benevolencia de algunos. Para el 2012, el desarrollo pasó a ser cuestión de voluntad.
La modernización de la economía y la convicción democrática de aquella obra dieron como resultado un clima de estabilidad y confianza. El fortalecimiento de las instituciones, junto a la eliminación de la burocracia absurda, trajo consigo un entorno favorable donde la inversión extranjera, por primera vez en la historia, eligió nuestra nación como destino para la inversión a gran escala.
La inversión en infraestructura fue de una dimensión gigantesca, siendo la Capital de los Dominicanos el punto focal de obras revolucionarias que transformaron la vida de millones, convirtiéndola en la más grande y moderna del Caribe.
El PIB de la República Dominicana pasó de 18,000 millones de dólares en 1996 a más de 60,000 millones en 2012; la clase media pasó de aproximadamente un 19 % a casi un 30 %, y la pobreza se redujo en más de un 10 %. En términos de crecimiento, el país creció a una media del 7 %. Hoy, apenas alcanza un 2 %.
Los avances en educación —la fundación del ITLA y la MESCyT, además de la expansión de la UASD por todas las regiones (sin dejar de mencionar lo que ha significado para Barahona la construcción del Recinto UASD y la UCATEBA)— dejan un saldo positivo e incuestionable de los anhelos intelectuales de aquella generación, representados por el presidente Fernández. Por primera vez, la educación se convertía en un derecho garantizado en todos sus niveles.
En la educación superior, la beca que otorga la MESCyT por la excelencia universitaria abrió las puertas para que muchos jóvenes, independientemente de su estatus social, pudieran formarse en universidades del extranjero, en Europa o Estados Unidos. A partir de ahí, los profesionales dominicanos comenzaron a ser competitivos en el plano internacional.
Creemos firmemente que, en esta coyuntura histórica, la Fuerza del Pueblo es el partido que garantiza la continuidad del desarrollo dominicano. Estos casi seis años son muestra de ello, frente a un gobierno que ha hecho alarde de su desprecio hacia Barahona, donde nada ha hecho.
Estamos en un momento crucial, no solo en el liderazgo nacional, sino también en nuestros pueblos, nuestros sectores y en nosotros mismos. Hombres sin valores ni vocación están a las puertas de nuestras casas. No quieren comer con nosotros: nosotros somos la cena. No pasarán.
