La debacle del gobierno: entre promesas y desilusión

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Por: Andrés Féliz 

El ascenso del Partido Revolucionario Moderno (PRM) al poder estuvo cargado de esperanzas, o por lo menos eso vendían en tiempos de campaña electoral. Una parte importante de la población dominicana votó con la expectativa de un cambio profundo en la forma de gobernar que ellos vendían: menos corrupción, mayor eficiencia institucional y una mejoría tangible en la calidad de vida. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa ilusión inicial ha dado paso a un creciente sentimiento de frustración y de decepción.

Uno de los principales cuestionamientos al gobierno ha sido la distancia entre el discurso y la realidad, muy distanciados por cierto. Problemas estructurales como el alto costo de la vida, el desempleo juvenil y las deficiencias en servicios básicos continúan golpeando a los dominicanos, más aún a aquellos que tienen menos. A esto se suma la percepción de improvisación en algunas decisiones públicas y una comunicación gubernamental que no siempre logra conectar con las necesidades reales de la gente.

Asimismo, la promesa de un manejo transparente ha enfrentado críticas por casos polémicos de corrupción y denuncias que han erosionado la confianza pública. Cuando un gobierno llega con la bandera del cambio (como lo hizo el PRM) el estándar de exigencia es más alto, y cualquier señal de continuidad con viejas prácticas pesa el doble en la opinión pública.

No obstante, hablar de “debacle” también implica reconocer que el deterioro de la confianza no ocurre de un día para otro, sino cuando la población siente que sus necesidades urgentes no están siendo atendidas con la rapidez y eficacia prometidas.

En política, la legitimidad no se hereda: se construye y se renueva cada día con hechos, no con palabras vacías como lo viene haciendo el PRM desde que tomó el poder en el 2020.

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