¿PRM o PRD?
Federico A. Jovine Rijo
El PRM nació como respuesta a la falta de democracia interna en el PRD; como reacción de dirigentes a los cuales les negaron lo más simple y básico en democracia: el derecho a elegir y ser elegido. El PRM nació como un instrumento al servicio de la democracia.
Hoy, borrachas de poder, las autoridades del partido comienzan a transitar el mismo sendero que en su momento caminó el PRD. Irónicamente, uno en el que ellas fueron víctimas.
La Ley de Hierro de Mitchels se verifica. Las oligarquías partidarias no gustan ceder sus espacios ni mucho menos someterse al escrutinio de las bases. La democracia muere desde adentro, cuando las instituciones llamadas a defenderla y sostenerla miran para otro lado.
El pasado viernes, la Dirección Ejecutiva del PRM comunicó que sometería “a la Convención Nacional la propuesta de elección hasta por un (1) año de la dirección nacional del partido y hasta por dos (2) de las demás estructuras dirigenciales territoriales y sectoriales”.
A juzgar por la narrativa del comunicado, el mundo se está cayendo a pedazos, el ejército ruso avanza rumbo a Santiago, la Guardia Revolucionaria Iraní tomó Barahona y del partido depende la supervivencia de la patria… si no, ¿cómo usar externalidades internacionales como justificaciones y excusas baratas para no realizar un proceso interno?
La lectura del comunicado da risa… y pena también. Mal redactado, no habla de posponer la escogencia o ratificar todos los cargos sin convención, pero importantes dirigentes y funcionarios celebraban precisamente eso, cuando en ningún lugar el comunicado lo indica.
Lo de menos es que el PRM se cargue el artículo 216 de la Constitución, el 28 de la ley 33-18, o el 152 de sus estatutos, que indica que la duración de las autoridades será de cuatro años.
Lo jurídico es irrelevante cuando desde la más alta dirección se decide violar el espíritu de lo jurídico. Los bajaderos siempre están disponibles y una reforma estatutaria, más una asamblea de delegados, puede solventar cualquier tecnicismo.
El problema real es político, porque posponer la elección de nuevas autoridades es reconocer que la CNEI falló, que los consensos no fueron posibles, que las tensiones a nivel territorial son críticas, y que es preferible reelegir en sus puestos a las actuales autoridades, a abrir la caja de los truenos.
Sin embargo, el problema crucial es ético, no porque el partido esté dispuesto a violar la Constitución, la ley de partidos, sus estatutos y varias sentencias del constitucional y el TSE, sino, porque negarse a la democracia interna es renegar a los principios fundacionales del partido, a su origen, a su razón de ser.
Si el partido no es capaz de gestionar la selección de sus autoridades partidarias, a dos años de las elecciones, ¿podrá elegir su candidato presidencial en octubre de 2027, a tan sólo ocho meses de las elecciones presidenciales?, ¿o también renegará de la democracia interna y forzará un bajadero? El tiempo dirá… La sociedad observa.